El valor de la semilla – Osho

La semilla no puede saber qué va a suceder, la semilla nunca ha conocido la flor. Y la semilla no puede siquiera creer que tiene el potencial de convertirse en una hermosa flor. El camino es largo, y siempre es más seguro no recorrer el camino porque el trayecto es desconocido, nada está garantizado.
Nada puede ser garantizado. Mil y uno son los riesgos del camino, son muchos los escollos – y la semilla está segura, escondida dentro de una dura coraza. Pero la semilla lo intenta, hace un esfuerzo, tira la dura concha que es su propia seguridad y comienza a moverse. Inmediatamente la lucha comienza: la lucha con la tierra, con las piedras, con las rocas. Y la semilla era muy dura y el brote será muy, muy suave y los peligros serán muchos.
No había peligro para la semilla, la semilla podía haber sobrevivido por milenios, pero para el brote los peligros son muchos. Pero el retoño emprende hacia lo desconocido, hacia el sol, hacia la fuente de luz, sin saber dónde, sin saber por qué. Enorme es la cruz que ha de cargarse, pero la semilla posee un sueño y la semilla se mueve.
El mismo camino es para el hombre. Es arduo. Mucho valor se necesitará.
Una pequeña flor silvestre que se ha encontrado con el reto de rocas y piedras en su camino para emerger hacia la luz del día. Rodeada de un aura de brillante luz dorada, expone la majestuosidad de su pequeño ser. Desvergonzada, es igual al sol más brillante.
Cuando nos enfrentamos a una situación muy difícil, tenemos que elegir: Podemos ya sea tener resentimientos y tratar de encontrar algo o a alguien a quien culpar de las dificultades, o podemos encarar el reto y crecer.
La flor nos muestra el camino, cómo su pasión por la vida la guía fuera de la oscuridad y hacia la luz. No tiene caso pelear en contra de los retos de la vida, o tratar de evitarlos o negarlos. Ellos están ahí, y si la semilla va a convertirse en flor, tenemos que atravesarlos. Ten el suficiente valor para convertirse en la flor que ha de ser.  OSHO

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Soltar amarras

Es tiempo de soltar amarras. Aquí dejo todo lo que me hace daño. Es tiempo de ser más fluida con la gente, conmigo misma. Es momento de dejar ir. De permitir que el viento me despeine y me sacuda; que se lleve el resentimiento, que mi alma perdone deudas y deudores.
Es tiempo de que me perdone a mí misma; ya me regañé bastante. Fueron muchas las piedras que yo misma puse en mi camino; los puentes dinamitados. Para autocastigo ya estuvo bueno; elijo ahora el camino de la aceptación; es más barato. Acepto y entiendo que merezco empezar de cero; con alma transparente y espíritu tranquilo. En estos momentos que vienen, lo que ha de ser, será. Entiendo que por más que me angustie, no agregaré a mi estatura un centímetro.
Es tiempo de relajarme. Dios no me está juzgando; está muy ocupado haciendo otras cosas. Así que ¿por qué habría yo de hacerlo?
Es hora de levantar las anclas, de liberar cosas, de soltar gente. Nadie tiene que ser como yo quiera. Así están perfectos. Así ha funcionado hasta este momento su vida. Me dedico a atender lo mío, a refundarme. De vez en cuando viene bien tirar lo que ya no sirve, perdonar. Entre ser feliz y tener razón, elijo lo primero. Tener la razón es el peor de los desgastes, porque te quita el sueño intentar corregir el universo.
Es hora de soltar amarras, de confiar más en la gente. Me dejo ir. La vida me conduce. En estos momentos quiero un corazón joven, que salte de gusto con el cantar de los pájaros que anuncian la mañana. Como cuando éramos niños. ¿Te acuerdas? Un alma que sea capaz de asombrarse con el amarillo de los girasoles en el campo, de ver en el cielo un milagro pintado de azul y no sólo un día más, llano y simple.
Es tiempo de soltar amarras y maravillarme. He estado demasiado ocupada para ver las estrellas y no me daba cuenta de que así sostiene Dios al Cielo; con tachuelas de plata, porque el hierro se oxida. Elijo mirar la sonrisa del sol, siempre está de buenas. Elijo abrazar el aire; me ama lo suficiente para mantenerme viva. ¿Qué mejor prueba de amor? Afortunadamente, Dios me dio la facultad de elegir. Elijo controlar a mis propios demonios, es más, he decidido darles vacaciones. Eso de la omnipotencia me estaba dando gastritis.
Es tiempo de soltar amarras, de levantar las anclas, de dejarme en paz. De tanto pelear conmigo se me estaba olvidando a qué sabe la sonrisa. Qué bien es cuando no controlas a nadie, cuando no pides cuentas, cuando tiras a la basura la bitácora de los rencores. En estos momentos no quiero una bitácora en blanco, ni siquiera un cuaderno; no tengo donde echarlo. La mochila la tiré porque me estaba torciendo la espalda. Así que no pienso apuntar nada. Así estoy mejor, caminando erguida y a buen paso. Quiero ser más justa; la vida no es un tablero de ajedrez ni las personas caballos o alfiles. Trato a la gente como me gustaría ser tratada. Quiero y necesito un buen principio y seguir así indefinidamente.
Rediseñarse es una palabra muy comprometedora. ¡Te obliga a caminar sin excusas! Sin nadie a quien echarle la culpa de nada. Pero definitivamente es el camino al Cielo. Los momentos vividos anteriormente, además de sinsabores, tuvieron también sus maravillas; conocí a mucha gente buena y sintonizada con el Amor y la Esperanza. Fueron más las sonrisas que las lágrimas. Caminé de la mano con personas dispuestas a servir al mundo sin nada a cambio y ha sido fascinante encontrarlos. Es tanto y tanta gente a lo que tengo que agradecer; a la familia en que la sangre me puso, y a la familia que la vida me concede en cada rostro que conozco.
Nada es casualidad, no hay accidentes en el mundo de la voluntad. Por eso, sea cual sea la razón por la que estés leyendo estas líneas, y la flojera no te impidió llegar a este párrafo, elijo creer que el universo nos permitió crear este lazo, aun cuando ni siquiera nos hayamos visto.
Elijo creer que ambos estemos dispuestos a sembrar más sonrisas en nosotros mismos y en la gente.
Hoy y siempre, deseo que tu vida se llene de bendiciones.
Acéptalas.
Si sueltas tus amarras, tendrás las manos libres para recibirlas.
Autor Anónimo

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La humanidad de los días

Nace la mañana de hoy, gentil y sonriente, apacible, serena, de primavera naciente.
Son los días, estos días tan humanos, donde es noche en un aquí y, dando la vuelta por la circunferencia terrestre, es también la noche allí. Unos se levantan y otros duermen. Dando vueltas como una rueda que viaja con el combustible de su propio movimiento, indefinidamente, ayer, hoy, siempre.
Son los contrastes, arreglos y desarreglos de la vida, siempre hecha y siempre inacabada, siempre perfecta y siempre por hacer, por vivir, en el devenir imparable de las cosas más longevas de nuestro mundo.
Venimos a la vida, es verdad. Venimos con la realidad de esas mismas cosas que han sido, son, serán por siempre y desde siempre. El propio movimiento de la esfera terrestre, la noche con luna y con estrellas, el día con sol, la llegada de las estaciones. Todas las cosas inmutables que parecen decir que sobrevivirán a nuestro propio destino, a nuestra propia existencia, que llevan consigo mismas su propio legado, memoria, conciencia y herencia del paso de todas las vidas, de todas las criaturas, de todas las generaciones, llevando consigo algo de sí mismas y también algo que somos nosotros, aún dejando ya de ser nosotros.
Venimos a la vida, con estos cuadernos de vida que hablan de hermosas bellezas y sinceridades, una parte en nosotros y otra gran parte fuera de nosotros, haciéndose nuestro propio devenir y existencia, en el aire que respiramos, los pasos sin huella de suela que vamos dejando, las materias vivas desde las que tomamos y compartimos la fuerza de cada nuevo día.
Venimos a la vida, en estas humanas materias, y, en un laberinto de calles, plazas, caminos, autopistas y carreteras, en un jeroglífico de gentes, días, casas, aceras y mercados, replicamos a la persona que despierta todas las mañanas y todos los días, sus ímpetus, sus impulsos, comparando con la misma persona, al terminar el mismo día. ¿Qué sucede, qué está pasando?. ¡No puede ser!, nos dice una pequeña voz interior.
El contraste, la contradicción, qué está sucediendo, pregunta con timidez, humildad, la pequeña voz interior.
La realidad y el paisaje que puedo responder a mi pequeña, agradecida, pacífica voz interior, es una realidad viva y plena, pero es también la misma realidad de grandes contrastes y desagradables contradicciones.
Es la realidad viva y plena de las muchas, muchísimas cosas buenas que tiene la vida y que tenemos, cada uno de nosotros. Es la realidad viva y plena de lo que ya somos, de lo que ya vivimos y experimentamos, de lo que ya tenemos.
Y es también la realidad viva y plena de lo que podemos ir siendo, agrandando los horizontes, paisajes, vivencias de nuestra sencillez personal, de nuestra sencillez como personas y como experiencias de vida.
Es verdad, son verdad las muchas cosas buenas de la vida y las muchas cosas buenas de nosotros mismos, pero es también realidad y verdad ese otro laberinto de calles y plazas y sociedades y mundos humanos, del cual no podemos irnos, sustraernos, sino convivirnos, en la forma que podamos hacerlo.
Y es así verdad que, mirando la energía y el tiempo y el esfuerzo de cómo miramos y caminamos, por nuestros propios pasos del día a día, vemos y observamos el vacío de los contrastes, al mismo tiempo que experimentamos la autenticidad de las realidades auténticas.
Es decir, llegamos al mundo actual. Todo es verdad, digamos que todo lo que declaradamente es verdad, admitida y oficialmente verdad. Lo que sucede en la calle a diario y lo que sucede en la televisión, las redes sociales, en todo su conjunto de realidad.
En nuestro espacio normal de percepción, no tenemos ningún problema en distinguir la verdad de la ficción, la verdad de la realidad auténtica de otra verdad, ficcionada, imaginada, convertida en un holograma con todo su espacio de verdad, pero que es solamente un holograma, cuya realidad se reduce puramente a ser lo que es, una ficción virtual como un holograma.
Quizás ha sido la creación de sociedades muy complejas, muy laberínticas, que no entienden ni sus propios constructores e ingenieros y fabricantes. O quizás ha sido la proliferación de las altas tecnologías, que ha sido capaz de hacer más real a unos bytes en una pantalla de plasma que a la realidad humana, auténtica, de comunicarte directamente con una persona de tu propia especie.
Y es mirando ese contraste o esa contradicción entre el mundo que es auténtico y el mundo que es un complejo y puro holograma del mundo, virtual, con fragmentos de realidad y fragmentos de ficción, donde mejor se define el contraste, la profunda y quizás radical diferencia entre esos dos mundos.
Yo creo que la primera pregunta, a hacerse con uno mismo, es qué nos queremos vivir, si la verdad o la contradicción. Y obtener las respuestas más concretas, más vivas, más prácticas, para conseguir y adquirir nuestro propósito.
Es decir, comprender un poco más y un poco mejor al mundo en el cual habitamos, vivimos, compartimos, convivimos. Comprender un poco mejor al mundo que estamos viviendo y, al mismo tiempo, comprender el mejor camino o los mejores caminos para convivir con ese mundo, para vivir dentro de ese mundo. // Domingo García

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El milagro más grande del mundo

Og Mandino

Acepta mi consejo.
Escucho tu lamento.
Éste atraviesa la oscuridad, se filtra a través de las nubes, se mezcla con la luz de las estrellas y se abre camino hasta mi corazón siguiendo la trayectoria de un rayo de sol.
Me he angustiado al escuchar el lamento de una liebre asfixiándose en el lazo de una trampa del cazador, por el gorrión que ha caído del nido de su madre, por un niño que se debate impotente en un estanque, y por un hijo que vierte su sangre clavado en una cruz.
Sabe que también te escucho a ti. Estate en paz, estate tranquilo. Traigo alivio para tu pena, porque conozco tu causa y también su cura.
Lloras por todos los sueños de tu infancia, que se han desvanecidos con el transcurso de los años.
Lloras por toda tu dignidad que se ha visto corrompida por el fracaso.
Lloras por todo ese potencial que tienes y que has trocado por la seguridad.
Lloras por toda tu individualidad que ha sido pisoteada por las multitudes.
Lloras por todo tu talento que se ha desperdiciado por el mal uso que has hecho de él.
Te consideras a ti mismo con vergüenza y te apartas aterrado de la imagen que ves reflejada en el estanque.
¿Quién es ese remedo de humanidad que te devuelve la mirada con los insensibles ojos de la vergüenza?
¿En dónde han quedado la gracia de tus modales, la belleza de tu figura, la agilidad de tus movimientos, lo talentoso de tu conversación? ¿Quien te despojó de tus bienes? ¿Conoces la identidad del ladrón, como la conozco yo?
Una vez colocaste tu cabeza sobre una almohada de césped en el campo de tu padre, alzaste la mirada hasta una catedral de nubes y entonces supiste que, con el tiempo, todo el oro de Babilonia sería tuyo. Algunas vez leíste incontables libros y escribiste en muchas tablillas, convencido mas allá de toda duda de que llegarías a igualar, e incluso a superar, toda la sabiduría de Salomón. Y las estaciones seguirían fluyendo hasta desembocar en años y he aquí que reinarías como soberano supremo en tu propio jardín del Edén.
¿Acaso no recuerdas quien implantó en tu ser todos esos planes y sueños y esas semillas de esperanza?
¿No puedes recordarlo?
¿No tienes el menor recuerdo del momento en que emergiste del vientre de tu madre y yo coloqué mi mano sobre tu suave frente, ni del secreto que murmuré en tu pequeño oído cuando te concedí todas mis bendiciones?
¿Recuerdas nuestro secreto?
¿No puedes recordarlo?
El paso de los años ha destruido tus remembranzas, ya que ha saturado tu mente de temores, dudas, ansiedades, remordimientos y odio, y ya no queda lugar para los recuerdos agradables en un sitio en donde moran todas esas bestias.
Pero no llores más. Estoy contigo, y este momento marca la línea divisoria de tu vida. Todo eso que ha sucedido antes no es sino algo muy semejante a todo ese tiempo en que dormiste en el seno de tu madre.
Lo pasado esta muerto. Deja que los muertos sepulten a los muertos. Este día regresas de entre los que están muertos en vida. Este día, igual que Eliseo con el hijo de la viuda, me extiendo tres veces por encima de ti y vuelves a vivir. Este día, lo mismo que Elías con el hijo de la sunamita, uno mis labios a los tuyos y mis ojos a los tuyos y pongo mis manos sobre las tuyas y tus carnes vuelven a recobrar el calor de vida.
Este día, lo mismo que Jesús frente a la tumba de Lázaro, te ordeno que te levantes y abandones la sepultura de tu ruina a fin de que inicies una nueva vida. Éste es el día en que naces. Es tu nueva fecha de nacimiento.
La primera parte de tu vida, como sucede en una obra de teatro, solamente fue un ensayo. Esta vez se ha alzado el telón. En esta ocasión el mundo observa y espera para aplaudirte. Esta vez no fallarás.
Enciende tus velas. Comparte tu pastel. Escancia el vino. Has vuelto a nacer.
Como una mariposa que rompe su crisálida, podrás volar. Vuela tan alto como lo desees y ni las avispas ni las libélulas, ni las mantis de la humanidad serán obstáculo para tu misión o para tu búsqueda en pos de las verdaderas riquezas de la vida.
Siente mi mano sobre tu cabeza.
Atiende a mi sabiduría.
Deja que comparta contigo, una vez más, el secreto que escuchaste en el momento de tu nacimiento y del cual te has olvidado. Tu eres el milagro mas grande. Tu eres el milagro mas grande del mundo.
Esas fueron las primeras palabras que escuchaste. Después lloraste. Todos lloran.
En ese momento no me creíste y durante todos estos años pasados no ha sucedido algo que enmiende tu incredulidad. Pues ¿cómo podrías ser un milagro cuando te consideras un fracaso en la más humildes de las tareas? ¿Cómo puedes ser un milagro cuando tienes tan poca confianza para enfrentarte a la más trivial de las responsabilidades? ¿Cómo puedes ser un milagro cuando te sientes encadenado por las deudas y permaneces despierto, atormentado al pensar de dónde vendrá el pan del día de mañana?
Ya basta. La leche que se derrama es agria. Sin embargo, ¿cuántos profetas, cuántos hombres sabios, cuántos poetas, cuántos artistas, cuántos compositores, cuántos científicos, cuántos filósofos y mensajeros he enviado con la palabra de tu divinidad, de tu potencial para alcanzar la santidad y para hablarte de los secretos del logro?
¿Y cómo los trataste? Pero a pesar de todo te sigo amando y en estos momentos estoy contigo, a través de estas palabras, para cumplir con las palabras del profeta que anunció que el señor volvería a posar su mano por segunda vez, para recuperar los remanentes de su pueblo.
He vuelto a posar mi mano.
Ésta es la segunda vez.
Tú eres mi remanente.
Sería en vano preguntar. ¿Acaso no lo has sabido, no lo has escuchado, no se te dijo desde el principio, no lo has comprendido desde los fundamentos de la tierra? No lo has sabido; no lo has escuchado; no lo has comprendido.
Se te ha dicho que eres una divinidad disfrazada, un dios haciendo el papel de un tonto.
Se te ha dicho que eres una obra especial, noble en su razón, infinita en sus facultades, precisa y admirable en su forma y movimiento, como un ángel en acción, como un dios en cautiverio. Se te ha dicho que eres la sal de la tierra. Te fue concedido todo, incluso el secreto de mover las montañas, de realizar lo imposible.
Pero no creíste a nadie.
Quemaste el mapa que te conduciría a la felicidad, abandonaste tu derecho a la paz mental, apagaste de un soplo las velas que se habían colocado a lo largo del sendero a la gloria que se te había destinado y después tropezaste, perdido y atemorizado, en medio de la oscuridad, de la inutilidad y la auto-compasión, hasta que al fin caíste en el infierno de tu propia creación. Entonces lloraste y te diste golpes en el pecho, maldiciendo la suerte que te había correspondido. Rehusaste a aceptar las consecuencias de tus propios pensamientos mezquinos y de tus acciones indolentes y buscaste un chivo expiatorio a quien culpar de tu fracaso. Qué pronto lo encontraste.
¡Me culpaste a mí!
Te lamentaste diciendo que tus impedimentos, tu mediocridad, tu falta de oportunidades, tus fracasos… ¡eran la voluntad de Dios!
¡Estabas equivocado!

Hagamos un inventario. En primer lugar, vamos a hacer una lista de tus desventajas. Porque, ¿cómo puedo pedirte que construyas una nueva vida si no dispones de las herramientas necesarias?
¿Estás ciego? ¿Acaso el sol sale y se pone sin que tu seas testigo de ello?
No.
Puedes ver, y los cien millones de receptores que he instalado en tus ojos te permiten disfrutar de la magia de una hoja, de un copo de nieve, de un estanque, de un águila, de un niño, de una nube, de una estrella, de una rosa, de un arco iris… y de una mirada de amor.
Anota una bendición.
¿Estás sordo? ¿Puede un bebe llorar o reír sin atraer tu atención?
No.
Puedes oír, y los veinticuatro mil filamentos que he construido en cada uno de tus oídos, vibran con el viento que sopla entre los árboles, con las olas que azotan contra las rocas, con la majestuosidad de una opera, con la súplica de un petirrojo, con las risas de los niños mientras juegan… y con las palabras “Te amo”.
Otra bendición.
¿Estás mudo? ¿Acaso tus labios se mueven y sólo producen saliva?
No.
Puedes hablar, como no puede hacerlo ninguna otra de mis criaturas, y tus palabras pueden calmar al colérico, animar al desesperanzado, estimular al cobarde, alentar al desdichado, brindarle amistad al solitario, darle animo al vencido enseñar al ignorante, alabar y decir “Te amo”.
Otra bendición.
¿Estás paralítico? ¿Tu desvalida forma es un despojo de la tierra?
No.
Puedes moverte. No eres un árbol condenado a permanecer en una pequeña parcela de tierra, mientras el viento y el mundo abusan de ti. Puedes estirar tus miembros y correr, bailar y trabajar, ya que en tu interior he diseñado quinientos músculos, doscientos huesos y once kilómetros de fibras nerviosas, todo ello sincronizado por mi para obedecer tus mandatos.
Otra bendición.
¿No amas ni eres amado? ¿Te sientes hundido en la soledad, noche y día?
No.
Puesto que ahora ya conoces el secreto del Amor, que para recibir amor debes darlo sin la esperanza de que sea retribuido. Amar por obligación, por satisfacción o por orgullo no es amar. El amor es un don por el cual no se exige nada a cambio. Ahora ya sabes que el amor sin egoísmo encuentra en sí su propia recompensa. E incluso en el caso de que el amor no sea correspondido, no se pierde puesto que ese amor que no te ha sido devuelto volverá a fluir hacia ti, suavizando y purificando tu corazón.
Otra bendición.
¿Está afectado tu corazón? ¿Sientes que se te escapa y se agota para mantenerte con vida?
No.
Tu corazón es fuerte. Lleva tu mano al pecho y siente su ritmo, latiendo una hora tras otra, día y noche, treinta y seis millones de latidos cada año, un año tras otro, dormido o despierto, bombeando tu sangre a lo largo de más noventa y seis mil kilómetros de venas, arterias, capilares y tuberías, bombeando más de dos millones doscientos setenta mil litros de sangre cada año. El hombre jamás ha creado una maquina semejante.
Otra bendición.
¿Padeces alguna enfermedad de la piel? ¿Acaso las personas se dan la vuelta horrorizadas cuando te acercas a ellas?
No.
Tu piel esta sana y es una maravilla de la creación, que solo necesita que cuides de ella con agua y jabón, un cepillo y amor. Con el tiempo todos los aceros se deslustran y se enmohecen, pero no tu piel. A la larga, el más resistente de los metales se desgasta con el uso, pero eso no sucede con esa capa que he construido a tu alrededor. Constantemente se renueva a si misma y nuevas células reemplazan a las viejas, así como tu antiguo yo ahora se esta viendo reemplazado por el nuevo.
Otra bendición.
¿Están contaminados tus pulmones? ¿El aliento de la vida lucha por entrar a tu cuerpo?
No.
Tus pulmones, que se abren a la vida, te sostienen incluso en el más repugnante de los ambientes de tu propia creación, y siempre trabajan para filtrar el oxigeno vivificante a través de seiscientos millones de cavidades formadas por los pliegues de tu carne, al mismo tiempo que liberan a tu organismo de los desperdicios grasos.
Otra bendición.
¿Está envenenada tu sangre? ¿Esta diluida con agua y pus?
No.
Dentro de tus cinco litros de sangre hay veintidós billones de células sanguíneas y dentro de cada molécula hay un átomo que oscila a mas de diez millones de veces cada segundo. Cada segundo mueren dos millones de tus células sanguíneas para ser reemplazadas por otros dos millones más en una resurrección que no se ha visto interrumpida desde el momento de tu nacimiento.
Otra bendición.
¿Eres débil mental? ¿Ya no puedes pensar por ti mismo?
No.
Tu cerebro es la estructura más compleja de todo el universo. Lo sé. En sus mil trescientos gramos de peso hay quince mil millones de células, una cifra tres veces mayor que el numero de personas que habitan sobre la faz de tu planeta. Para ayudarte a archivar cada percepción, cada sonido, cada sabor, cada olor, cada acción que has experimentado desde el día de tu nacimiento, he implantado en el interior de tus células más de mil trillones de moléculas proteicas. Cada uno de los incidentes de tu vida se encuentran almacenados allí, en espera sólo de tu recordación. Y para auxiliar a tu cerebro en el control de tu cuerpo, he dispersado por todo tu organismo cuatro millones de estructuras sensibles al dolor, quinientos mil detectores táctiles y más de doscientos mil detectores de temperatura. Ninguna nación tiene sus reservas de oro mejor protegidas de lo que estas Tú.
Ninguna de sus antiguas maravillas es más grandiosa que tú.
Tú eres mi mejor creación.
Dentro de tu ser existe la suficiente energía atómica para destruir cualquiera de las ciudades más grandes del mundo… y para reconstruirla.
¿Eres pobre? ¿No tienes oro o plata en tus bolsillos?
No.
¡Eres rico!
Juntos acabamos de hacer un inventario de tus riquezas.
Estudia bien la lista. Vuelve a contarlas.
¡Cuenta tus bienes!
¿Por qué te has traicionado?
¿Por qué te has lamentado diciendo que fuiste despojado de todas las bendiciones de la humanidad?
¿Por qué te engañaste pensando que eras impotente para cambiar de vida?
¿Acaso careces de talento, sentidos, habilidades, placeres, instintos, sensaciones y orgullo?
¿Has perdido toda esperanza?
¿Por qué te arrastras entre la sombra, como un gigante derrotado en espera de un compasivo transporte hacia el bienvenido vacío y la humedad del infierno?
¡Tienes tantas cosas!
Tus bendiciones se desbordan de tu copa, y tú te has mostrado negligente con ellas, como un niño mimado en medio de los lujos, puesto que yo te las he conferido con generosidad y con regularidad.
Respóndeme.
Respóndete a ti mismo.
¿Qué hombre opulento, anciano y enfermo, débil e impotente no cambiaría todo el oro que hay en sus bóvedas por todas las bendiciones que tú has tratado tan a la ligera?
Aprende entonces a conocer el primer secreto para alcanzar la felicidad y el éxito: que tú posees, incluso en este momento, todas las bendiciones necesarias para obtener una inmensa gloria.
Son tu tesoro, tus herramientas con las cuales construir, a partir del día de hoy, los cimientos para una vida nueva, y mejor. Por tanto, haz como te digo, cuenta tus bendiciones y sabe que ya eres mi máxima creación.
Ésta es la primera ley a la cual debes de obedecer a fin de realizar el milagro más grande del mundo, el regreso de tu humanidad desde la muerte en vida. Y muéstrate agradecido por las lecciones que has aprendido en medio de la pobreza. Ya que no es pobre el que tiene poco; sólo aquél que desea mucho. Y la verdadera seguridad radica, no en las cosas que un individuo posee, sino en las cosas de las cuales puede prescindir. En lo que puedes hacer con lo que no tienes.
¿En dónde están las desventajas que ocasionaron tu fracaso?
Sólo existían en tu mente.
Cuenta tus bendiciones.

Y la segunda ley es muy semejante a la primera. Proclama tu naturaleza excepcional, tu individualidad.
Te habías condenado a una fosa común y allí yacías incapaz de perdonar tus propios fracasos, destruyéndote con el odio hacia ti mismo, con auto-incriminaciones y repugnancias que cometiste en contra de ti mismo y de los demás. ¿Acaso no te sientes perplejo? ¿No te preguntas por qué yo puedo perdonar tus fracasos, tus transgresiones, tu despreciable conducta, cuando tú no eres capaz de perdonarte a ti mismo?
Ahora, me dirijo a ti por tres razones. Me necesitas. No eres un individuo entre la muchedumbre que se encamina hacia la destrucción en medio de una grisácea masa de mediocridad. Y eres algo excepcional y maravilloso. Examina una pintura de Rembrandt, un bronce de Degas, un violín hecho por Stradivarius o una obra de Shakespeare. Tienen un gran valor por dos razones: Sus creadores fueron maestros y su número es muy reducido. Sin embargo, hay más de uno en cada una de esas ramas. Si nos basamos en este razonamiento, tú eres el tesoro mas valioso sobre la faz de la tierra, puesto que sabes quién fue tu creador y también sabes que sólo hay un ser como tú.
Jamás, entre los setenta mil millones de seres humanos que han caminado sobre este planeta desde el inicio de los tiempos ha habido alguien que sea exactamente igual a ti.
Nunca, hasta el final de los tiempos existirá otro ser humano igual a ti.
No has demostrado que conoces o aprecias tu singularidad.
Y sin embargo, eres el ser mas raro y singular en todo el mundo.
Desde tu padre, en su momento de supremo amor, fluyeron incontables semillas de amor, cuyo número sumó más de cuatrocientos millones. Todas ellas, mientras nadaban en el seno de tu madre, entregaron el alma y murieron. ¡Todas, excepto una! Tú.
Solamente tú perseveraste en el amoroso calor del cuerpo de tu madre, en busca de tu otra mitad, una sola célula de tu madre, tan pequeña que se necesitarían más de dos millones de ellas para llenar la cáscara de una bellota.
No obstante, a pesar de las imposibles probabilidades, en ese basto océano de oscuridad y desastre, tú perseveraste y, logrando encontrar esa infinitesimal célula, te uniste a ella para iniciar una nueva vida.
Tu vida.
Llegaste trayendo contigo, como lo hace cada niño, el mensaje de que aún no me he decepcionado del hombre. Dos células unidas ahora en un milagro. Dos células, cada una de ellas conteniendo veintitrés cromosomas y dentro de cada cromosoma cientos de genes, los cuales controlarían cada una de tus características, desde el calor de tus ojos hasta el encanto de tus modales y el tamaño de tu cerebro.
Teniendo bajo mi mano todas esas combinaciones, empezando con ese único espermatozoide entre los cuatro millones de tu padre, gracias a los cientos de genes en cada uno de los cromosomas de tu madre y tu padre, podrían haber creado trescientos mil millones de seres humanos, cada uno de ellos diferentes de los demás
Pero ¿Quien fue el ser creado por mí? ¡Tú! Único en su clase. El más excepcional entre los más excepcionales.
Un tesoro inapreciable, poseedor de cualidades mentales y de lenguaje, de movimiento y de apariencia y capaz de acciones como ningún otro ser que haya vivido, viva o vivirá. ¿Por qué te has valorado en sal cuando eres digno del rescate de un rey?
¿Por qué escuchaste a todos aquellos que te menospreciaron, y lo que aún es peor, por qué les creíste?
Acepta el consejo. Ya no ocultes tu singularidad en la oscuridad.
Haz que salga a relucir. Muéstrasela al mundo.
No te esfuerces por caminar como camina tu hermano, ni en hablar como habla tu líder, ni en trabajar como lo hace el mediocre. Jamás hagas lo que hacen los demás, nunca imites. Porque ¿cómo podrás saber que no estás imitando el mal? y aquél que imita el mal siempre va mas allá del ejemplo que le han dado, mientras que quien imita el bien siempre se queda corto. No imites a nadie. Se tú mismo. Demuéstrale al mundo tu singularidad y todos te cubrirán de oro.
Ésta es, entonces, la segunda ley.
Proclama tu singularidad. Y ahora ya has recibido dos leyes. ¡Cuenta tus bendiciones! ¡Y proclama tu singularidad!

No tienes ninguna desventaja. No eres un ser mediocre. Asientes. Luces una sonrisa forzada. Reconoces que te has engañado a ti mismo. ¿Y qué me dices de tu siguiente queja? ¡La oportunidad jamás sale a tu encuentro!
Acepta el consejo y te saldrá al paso, ya que ahora te ofrezco la ley del éxito en toda empresa.
Hace muchos siglos se le dio esta ley a tus antepasados desde la cima de una montaña.
Algunos acataron la ley y, he aquí, su vida se vio colmada con el fruto de la felicidad, el logro, el oro y la paz mental. La mayoría no escuchó, pues buscaba medios mágicos, senderos tortuosos o esperaba que el dominio llamado suerte les hiciera entrega de todas las riquezas de la vida.
Todos ellos esperaron en vano, así como tú esperaste, y después se lamentaron, lo mismo que tú te lamentaste, culpando de tu falta de suerte a mi voluntad.
La ley es muy sencilla. Jóvenes o ancianos, mendigos o reyes, blancos o negros, hombres o mujeres todos pueden emplear este secreto en beneficio propio; ya que de todas las reglas, de todos los discursos y escritos que versan sobre el éxito y la forma de alcanzarlo, sólo hay un método que jamás ha fallado.
A quien quiera que te exija que lo acompañes un kilómetro, acompáñalo dos.
Ésta es, entonces, la tercera ley. El secreto que te producirá riqueza y que hará que seas aclamado más allá de todos tus sueños. ¡Sigue adelante otro kilómetro!
El único medio seguro para alcanzar el éxito es prestar más y mejores servicios de los que se esperan de ti, sin importar cuáles puedan ser las tareas. Es un hábito que han seguido todas las personas que han tenido éxito desde los inicios de los tiempos. Por tanto te digo que el camino más seguro para condenarse a la mediocridad es desempeñar únicamente aquellas tareas por las cuales te pagan.
No pienses que te estafan si rindes más de las monedas de plata que recibes. Ya que en la vida hay un péndulo para todo y el sudor de tu frente, si no se vio recompensado el día de hoy lo será el día de mañana, multiplicado por diez veces.
El mediocre nunca camina otro kilómetro, ya que piensa que por qué habría de estafarse a sí mismo. Pero tú no eres mediocre. Caminar un kilómetro más es un privilegio del cual debes apropiarte por iniciativa propia. No puedes, no debes evitarlo. Despreocúpate, y haz sólo tan poco como los demás y la responsabilidad de tu fracaso será únicamente tuya.
No puedes prestar un servicio sin recibir la justa recompensa, como tampoco puedes evitar prestarlo sin sufrir la pérdida de la recompensa.
Causa y efecto, medios y fines, semilla y fruto, son cosas que no es posible separar. El efecto ya florece en la causa, el fin preexiste en el medio y el fruto siempre está en la semilla. Sigue adelante otro kilómetro
No te preocupes si sirves a un amo ingrato.
Sírvelo aún más.
Y en vez de él, permite que sea yo tu deudor, ya que entonces sabrás que cada minuto, cada esfuerzo de un servicio adicional te será pagado con creces. Y no te preocupes en caso de que tu recompensa no llegue pronto. Ya que entre más tiempo te sea retenido el pago, tanto mejor para ti, puesto que el mayor beneficio de la ley son los intereses compuestos sobre los intereses compuestos .
No puedes exigir el éxito, sólo puedes merecerlo. Y ahora ya conoces el maravilloso secreto que es necesario para merecer su singular recompensa.
¡¡ Camina otro kilómetro!!

¿En dónde está ese campo desde donde una vez clamaste que no había la menor oportunidad?
¡¡ Mira !!
Mira a tu alrededor. Observa en donde ayer te revolcabas en los desechos de la auto-compasión, ahora caminas erguido sobre una alfombra de oro. Nada ha cambiado excepto tú, pero tú lo eres todo.
Tú eres mi milagro mas grande.
Tú eres el milagro más grande del mundo.
Y ahora las leyes de la felicidad y el éxito son tres .
¡¡Cuenta tus bendiciones!!
¡¡Proclama tu singularidad!!
¡¡Camina otro kilómetro!!
Muéstrate paciente con tu progreso. Contar tus bendiciones con gratitud, proclamar con orgullo tu singularidad, avanzar un kilómetro adicional y después otro, son actos que no se llevan a cabo en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo, todo aquello que se adquiere con más dificultad es lo que se conserva durante mayor tiempo. Como quienes han ganado una fortuna se muestran más cuidadosos de ella que aquellos que la han heredado.
Y no temas en adentrarte en tu nueva vida. Toda adquisición noble va acompañada de riesgo. El que teme tropezarse con éste último, no debe esperar el logro de la primera.
Ahora ya sabes que eres un milagro y no puede existir el temor en un milagro. Siéntete orgulloso. No eres el capricho momentáneo de un despreocupado creador que experimenta en el laboratorio de la vida. No eres esclavo de fuerzas que no puedes comprender. Eres una libre manifestación de una fuerza que sólo es mía, de un amor que sólo es mío. Fuiste creado con un propósito.
Siente mi mano.
Escucha mis palabras.
Tú me necesitas.
Y yo necesito de ti.
Tenemos un mundo que debemos reconstruir, y si para ello te necesitase, ¿qué significa eso para nosotros ?
Ambos somos un milagro y ahora nos tenemos el uno al otro.
Jamás he perdido la fe en ti desde ese día en que por vez primera te hice girar en una gigantesca ola, arrojándote impotente sobre la arena. Según tu manera de medir el tiempo, eso sucedió hace mas de quinientos millones de años. Hubo un gran número de modelos, muchas formas y muchos tamaños antes de llegar a la perfección en ti hace mas de treinta mil años. En todos estos años, no he vuelto a hacer ningún esfuerzo por mejorar lo que hice en ti.
Ya que ¿como es posible mejorar un milagro? Fuiste algo maravilloso de contemplar y me sentí complacido.
Te entregué este mundo y el dominio sobre él. Después, a fin de permitirte que alcanzaras tu pleno potencial, coloqué mi mano sobre ti, una vez más, y te doté de poderes desconocidos para cualquier otra criatura en el universo, incluso hasta este día.
Te concedí el poder de pensar.
Te concedí el poder de amar.
Te concedí el poder de desear.
Te concedí el poder de reír.
Te concedí el poder de imaginar.
Te concedí el poder de crear.
Te concedí el poder de planear.
Te concedí el poder de hablar.
Te concedí el poder de orar.
Mi orgullo en ti no conoció límite. Fuiste mi máxima creación, mi milagro más grande. Un ser viviente completo.
Un ser capaz de adaptarse a cualquier clima, a cualquier penuria, de enfrentarse a cualquier desafío.
Un ser capaz de controlar su propio destino sin ninguna interferencia de mi parte.
Un ser capaz de traducir una sensación o una percepción, no por instinto, sino a través del pensamiento y la liberación, en cualquier acción que sea mejor para sí mismo y para toda la humanidad.
Así hemos llegado a la cuarta ley para alcanzar el éxito y la felicidad, ya que te concedí un poder, mas un poder tan grandioso que ni siquiera mis ángeles lo poseen.
Te concedí el poder de elegir.
Con este don te situé incluso por encima de mis ángeles. Ya que los ángeles no son libres de elegir el pecado.
Te concedí un control absoluto sobre tu destino. Te dije que deberías determinar por ti mismo, tu propia naturaleza de acuerdo con tu libre albedrío. Al no ser de naturaleza divina ni terrenal, estuviste en libertad de modelarte en cualquier forma que prefirieras. Tuviste el poder de elegir si querías degenerar en una de las formas más bajas de vida, pero también tuviste el poder, de acuerdo con el juicio de tu espíritu, de renacer en las formas más elevadas, que son divinas. Jamás te he quitado ese grandioso poder,
El poder de elegir.
¿Qué has hecho con esa tremenda fuerza?
Contémplate a ti mismo, piensa en las elecciones que has hecho en tu vida y recuerda, ahora, esos amargos momentos en que habrías estado dispuesto a caer de rodillas si tan sólo hubieses tenido la oportunidad de volver a elegir. Lo pasado, pasado está, y ahora ya conoces la cuarta gran ley de la felicidad y el éxito.
Emplea con sabiduría tu poder de elección.
Elige amar en vez de odiar.
Elige reír en vez de llorar.
Elige crear en vez de destruir.
Elige perseverar en vez de renunciar.
Elige alabar en vez de criticar.
Elige curar en vez de herir.
Elige dar en vez de robar.
Elige actuar en vez de aplazar.
Elige crecer en vez de corromperte.
Elige orar en vez de maldecir.
Elige vivir en vez de morir.

Ahora ya sabes que tus infortunios no fueron sino obra de tu voluntad, ya que se te había conferido todo el poder. Y la acumulación de hechos y pensamientos que te colocaron entre los despojos de la humanidad fueron obra tuya, no mía. Mis dones de poder resultaron demasiado grandes para su pequeña naturaleza.
Ahora has crecido y has adquirido sabiduría y tuyos serán los frutos de la tierra.
Eres algo más que un ser humano eres un ser humano digno.
Eres capaz de lograr grandes maravillas. Tu potencial es ilimitado.
¿Quién más, entre mis criaturas ha dominado el fuego? ¿Quién más, entre mis criaturas, ha conquistado la ley de la gravedad, ha cruzado los cielos, ha conquistado a la enfermedad, la peste y la sequía?
¡¡ Jamás vuelvas a menospreciarte !!
¡¡ Jamás te conformes con las migajas de la vida !!
¡¡ A partir de este día jamás ocultes tus talentos !!
Recuerda al niño que dice: cuando sea un niño grande. Pero ¿qué significa eso? Ya que el niño grande dice: cuando sea adulto. Y cuando ha llegado a la edad adulta dice: cuando contraiga matrimonio. Pero después de todo, ¿qué significa estar casado? Entonces ese pensamiento cambia a “cuando me jubile”. y después llega la jubilación y mira hacia atrás el paisaje que ha recorrido; un viento helado lo ha barrido y de alguna manera ha perdido todo y ahora ha desaparecido.
Disfruta de este día, el día de hoy, y mañana disfruta del mañana.
Has realizado el milagro más grande del mundo.
Has regresado de una muerte en vida.
Ya no volverás a sentir compasión por ti mismo y cada nuevo día será un desafío y una alegría.
Has vuelto a nacer. Pero, lo mismo que antes, puedes elegir entre el fracaso y la desesperación, o el éxito y la felicidad.
La elección es sólo tuya.
Yo únicamente puedo observar, como antes, lleno de orgullo o de pesadumbre.

Recuerda las cuatro leyes de la felicidad y el éxito:
Cuenta tus bendiciones.
Proclama tu singularidad.
Camina otro kilómetro.
Emplea con sabiduría tu poder de elegir.
Y hay otra más para cumplir con las otras cuatro:
Haz todas las cosas con amor.
Amor hacia ti mismo.
Amor hacia los demás.
Y amor hacia mí.
Enjuga tus lágrimas, estira tu mano, toma la mía y mantente erguido:
TÚ ERES EL MILAGRO MAS GRANDE DEL MUNDO

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El sufrimiento es opcional

Definitivo, como todo lo que es simple, nuestro dolor no viene de las cosas vividas, sino de las cosas que fueron soñadas y que no se cumplieron.
¿Por qué sufrimos tanto por amor? Lo correcto sería que la gente no sufriera, apenas agradecer por haber conocido a una persona tan linda que generó en nosotros un sentimiento intenso, y que nos acompañó por un tiempo razonable, un tiempo feliz.
Sufrimos ¿por qué?
Porque automáticamente olvidamos lo que fue disfrutado y comenzamos a sufrir por nuestras proyecciones irrealizadas, por todas las ciudades que nos hubiera gustado conocer al lado de nuestro amor, y no conocimos, por todos los hijos que nos hubiera gustado tener juntos y no tuvimos, por todos los espectáculos, libros y silencios que nos hubiera gustado de haber compartido y no compartimos.
Por todos los besos cancelados, por la eternidad.
Sufrimos, no porque nuestro trabajo es agotador y paga poco, sino por todas las horas libres que dejamos de tener.
Sufrimos, no porque nuestra madre es impaciente con nosotros, sino por todos los momentos en que podríamos estar confidenciando con ella nuestras más profundas angustias.
Sufrimos, no porque envejecemos, sino porque el futuro nos está siendo confiscado, impidiendo así que mil aventuras nos sucedan, todas aquellas con las cuales soñamos y nunca llegamos a tener.
¿Cómo aliviar el dolor de lo que no fue vivido?
La respuesta es simple como un verso: Cada día que vivo, me convenzo más de que el desperdicio de la vida está en el amor que no damos, en las fuerzas que no usamos, en la prudencia egoísta que nada arriesga y que, esquivándose del sufrimiento, hace perder también la felicidad.
El dolor es inevitable.
El sufrimiento es opcional.
Carlos Drummond de Andrade // Poeta brasileño

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