El Perfecto Sentido

Fragmento del libro «Al otro lado del espejo»
de Antonio Carranza www.cepaluz.com

Digamos que una fuerza divina enciende el interruptor de la vida, y en el momento en que eso sucede aparece una centella de luz dispuesta a dar timbre y tono a todo el Universo. De ese rayo brotan multitud de colores, timbres diversos, una afluencia asombrosa de impactos, formas, garabatos, siluetas que conforman el mundo; nuestro mundo conocido. Este orbe inmenso que llamamos vida está repleto de sensaciones con un firme propósito: que los seres que lo habitan puedan experimentar, sentir, palpar, apreciar, vibrar en emociones diversas… puedan, en definitiva, relacionarse con otras formas de vida que les sirvan de entrenamiento. Todas ellas, sin duda, están preparadas para contribuir a un progreso interior insospechado. Esta escalada hacia la cumbre busca, mediante las sensaciones y los deseos que nos impregnan, la extraordinaria plenitud, la gran experiencia de sentirnos completos. Sin embargo, la fuerza del espíritu intuye que esto no podría suceder mientras se experimentan síntomas de frustración y la angustia que provoca todo aquello que nos parece diferente.
Ese era el plan, el plan que estableció Dios en el momento en que encendió el interruptor: que todos los seres experimentaran lo diverso para llegar a sentirse plenos. Pero le falló el plan, de tal manera que los seres humanos comenzaron a no querer advertir en lo contrario algo útil que los acercara a la cumbre del espíritu. Fue entonces que se hicieron egocéntricos, y sus corazones se cerraron, sin poder gozar sanamente de todo lo que les rodeaba. Empezaron a desarrollar una torpe sensibilidad que, lejos de conducirlos a ese gran resultado de la plenitud, los sumió en un continuo desencanto. Este nuevo estado les llevó a una permanente queja, a un extraño sentimiento de dolor, porque los gobernaba la sensación incomoda de no sentirse realizados y estables en su mundo. Fue así cómo comenzó la gran trampa de la penuria y el ahogo que supone necesitar y querer siempre disponer de más y más. Apareció por tanto una constante reacción contra la vida; y por más que esa fuerza divina les había otorgado todo un orbe de efectos maravillosos, ellos se sentían cada vez más desafortunados, cada vez más lejos de la plenitud propuesta por el plan.
El ser humano se acostumbró a reaccionar contra la existencia, necesitando más cosas para mitigar su hambre de estímulos. De esta forma su mente llegó a proyectar multitud de nuevas sensaciones, diferentes a las simples y sencillas que sugería la naturaleza. Y comprendió Dios que eso no era bueno porque distanciaba a las personas del plan universal que en principio se había ideado para su evolución. Fue así que decidió ir apagando el interruptor poco a poco, con la firme intención de que todo individuo comenzara a valorar aquello que fuera perdiendo. Dijo Dios para sí: «Hijo mío, a partir de ahora tendrás que perder para saber apreciar».
Entonces sucedió que comenzamos a perder el sentido del olfato, dejando de oler tantas sustancias y fragancias naturales. Sin embargo, esta pérdida no nos pareció demasiado importante. Tan apagados e insensibles estábamos que tan sólo llegamos a exclamar: ¡para lo que hay que oler…! Todas las perfumerías del mundo tuvieron que dejar de existir, y la palabra «perfume» se fue lentamente extinguiendo del uso ordinario, como la costumbre de llevarnos una flor a la nariz o bien el recuerdo de la fragancia del pecho materno. Olisquear se había convertido en un esfuerzo instintivo que poco a poco fue siendo espejismo. Lo hacíamos como una forma de saludo, sin apreciar por las fosas nasales ningún tipo de olor.
Luego perdimos el sentido del gusto y empezamos a relamernos constantemente, a tener la boca seca y una sensación ambigua en el paladar. Esto ya nos preocupó más, pues los alimentos dejaron de tener su gusto particular y comenzamos a comer indiscriminadamente. Aquí los restaurantes y todas las empresas relacionadas con la comida se arruinaron, teniendo que sufrir el deterioro de este hermoso sentido. Muchas personas caminaban por la calle con la boca abierta y la lengua jadeante, buscando inconscientemente recuperar un asomo de gusto y paladar. En ocasiones los podíamos vez lamerse los unos a los otros, manteniendo en sus semblantes muecas de asombro y de un desespero que sólo atenuaban los besos.
Más tarde Dios pulsó de nuevo el interruptor para que perdiéramos el sentido del oído. Y ahí ya el hombre empezó a sentirse muy desgraciado, a tal punto que esta pérdida derivó en una extrema violencia. La violencia interior pasó a ser exterior, y cada ser humano comenzó a experimentar la sospecha de que él no era tanto como presumía. Gracias a esta sensación de vacío, de fatuidad, el hombre se enfrentó con el hombre; la vida ordinaria quedó totalmente mutilada, y hubo seres que se refugiaron tanto en sí mismos, que lentamente su fueron marchitando. Cuando la comunicación empezó a flaquear, la soledad dañó con espanto el corazón, y fue de esta forma como muchas personas que les quedaba un resto de sensibilidad valoraron en extremo la comunicación con otros seres, al sospechar que sus corazones se podrían secar fácilmente. Personas que antes se ofuscaban en sus propios credos y opiniones, ahora comprendían la cualidad maravillosa de la compasión. Individuos que antes les costaba dar su brazo a torcer y reconocer sus propios errores, ahora estimaban como un bien preciado esa posibilidad, acercando con verdadera inquietud las palmas de sus manos a las de los demás, dando a entender que por encima de todo se necesitaban y que cualquier criterio o consideración en aquellas circunstancias valía en verdad poco.
Fue en ese instante cuando aparecieron dos caminos, dos posibilidades latentes en el devenir humano: aquél de los individuos con esperanza y el que se abría para los desesperados. Hubo pues personas que vivieron aquella situación con verdadera luz y ánimo a pesar de todo, buscándose los unos a los otros para mitigar tanta pena, alzando los ojos al cielo comprendiendo cómo el deterioro que sufrían tenía por causa la soberbia y la indignidad. Tantas vicisitudes amargas les llevaron a comprender que Dios permitía aquella desazón como una gran prueba útil a superar, y así la esperanza que anidaba en sus corazones les ayudó a cooperar con su nuevo destino.
Pero hubo otros —por cierto la mayoría— que terminaron por sentirse desesperados. Protestaban constantemente, se quejaban de su infortunio, sintiéndose extraviados y sin norte posible. Se perdió el sentido del habla y ya, cuando ni siquiera podían expresar en palabras sus sentimientos, se miraban con desafío, con una total desconfianza. La comunicación llegó a hacerse imposible. Fue aquí que el ser humano recordó viejas leyendas de la antigüedad, las que narraban la gran confusión de lenguas y la desproporción de los sentidos cuando el ser humano se hizo soberbio contra Dios. ¿Ya había sucedido algo parecido anteriormente? Se preguntaban aterrorizados. ¿Cómo poder de nuevo recuperar las viejas sensaciones que comenzaban a convertirse en recuerdos inalcanzables? En ese estado de confusión los antiguos placeres no sólo se añoraban, sino que ponían en evidencia la torpeza y falsedad que había asolado al ser humano.
No obstante, antes de perder el sentido de la vista, el último sentido, el ser humano se dio cuenta que había dos sentidos superiores. Fue allí, en ese horizonte, en ese límite, que tomó conciencia del sentido de la vida. Antes, como estaba inmerso en una existencia de lujo y placer, de constante necesidad, ni siquiera podía dar crédito a tantas maravillas con las que se relacionaba. Antes no apreciaba a otro ser humano, aunque diferente, como magnífico y excepcional. Con anterioridad se escuchaba más a sí mismo que a quien le llegaba como radiante ocasión de compartir y aprender. Antes no podía sentir todas sus relaciones como privilegios exquisitos para la vida. Fue en aquél instante que dejó de ambicionar para en verdad sentir. Allí, en aquel límite, en aquella profunda sensación de pérdida, se dio cuenta de que había una vida junto a él que latía y que él podía disfrutar sin agobios y sin la continua zozobra de buscar nuevas sensaciones.
Entonces despertó el gran sentido que le permitía escuchar su corazón permanentemente. Cada sístole, cada diástole, eran como un recuerdo de sí mismo, de su luz y su poder. Pero la vida le gritaba, la vida a su alrededor protestaba, la vida se empeñaba en crear en su mente un sudario de dolor y un espejismo de amargura. Atrapado en aquella zozobra, inerme y desamparado, el ser humano se dio cuenta que había otro sentido, otro sentido más importante todavía que el sentido de la vida; un sentido que de siempre lo había estado abrumando y, aunque aterrador, comprendió que era imprescindible tener en cuenta: el sentido de la muerte. Cuando esas sensibles personas comprendieron y sintieron en su corazón la fuerza de la muerte, al darse la oportunidad de abrazar a la muerte con toda la conciencia de que disponían, dejaron de sentirse pérdidas, nostálgicas y malhumoradas. Dejaron pues de experimentar la constante añoranza de la ternura y del calor, la ambigüedad de tantas sensaciones agradables que habían disfrutado en el pasado. El gran sentido de la muerte, en el instante en que lo vivieron profundamente en su interior, es lo que les llevó a AMAR.
Estaban perdiendo la sensibilidad, estaban perdiendo la capacidad del gozo sencillo e inmediato. Habían sumergido la mente en un estado continuo de incertidumbre y queja. Un oscuro revanchismo anegaba el corazón humano, una molestia que les confundía y hacía que se acercaran a la muerte con más y más dolor. Cada vez ansiaban más, pues se habían convertido en devoradores incontinentes y en monstruos soberbios sin saberlo. Este estado inconsciente les alejaba cada vez más de Dios. Revelarse contra la simple existencia era revelarse contra Dios; y no abrazar cualquier manifestación de la muerte, era asimismo revelarse contra Dios.
Los sentidos del ser humano habían perdido la capacidad de aceptación; y la mayoría estaban buscando médicos y curanderos que los sanaran de esta nueva enfermedad sin comprender que el mal residía en el laberinto de sus mente. El «Ego» es una ponzoña que les perturbó los sentidos y les llevó sin conciencia a dar tumbos por la vida, en rebeldía obtusa contra el destino. Ahora algunos han comprendido que la inmanencia de la vida es lo que está aquí, ahora, en cada verruga, en las canas y gloriosas enfermedades, en la hermosa vejez que, asimismo, nos construye y a la que nos acercamos con luz y seguridad, en la colosal arruga que nos dignifica, en la cicatriz que nos afea, en un simple huevo frito, en la flor mustia y en el pajarillo tuerto. Han perdido mucho, mas al fin llegaron a saber que en el gran abrazo de la muerte descansa la soledad.
Ya no se sienten cómplices de entuertos y desgracias, pues no se quejan ni necesitan hablar de ellas. Respiran juntos y sonríen de una forma nueva y sensible que los conecta de inmediato con todo. Una mano en el hombro la aprecian como el mejor de los privilegios; y la complicidad que ahora les une es en suerte, no en desgracias. En estos nuevos tiempos donde los sentidos son luminarias del alma no les brotan por la boca soliviantos ni cicatrices, sólo alientos con los que aprender a amar más y mejor. ¿Cómo podremos aprender a amar si no valoramos lo que la vida nos da en cada momento?
En aquel instante Dios comprendió que todo había tenido un sentido y que a pesar de la rebeldía del ser humano, de su obstinación, a pesar de tantas quejas, de sus gestos ruines y miserables, de su recalcitrante egoísmo, después de todo aquello, el plan seguía funcionando. Sí, porque Dios comprendió que todo individuo volvería a casa cuando hubiera dejado atrás el dañino sentido del «Ego», cuando se hubiera desprendido de su Yo majadero y desesperado. En el plan también estaba escrita esa ambición: la necesidad de devorar estímulos y de dejarse tragar por los artificios del mundo.
«Hijo mío —dijo de nuevo Dios— volverás a abrazar la muerte y, tarde o temprano, dejarás de ambicionar. Así tus sentidos permanecerán limpios y radiantes para mí. Será entonces cuando vuelvas a esta, tu casa». El hombre sabio, tras tantas vicisitudes, escuchó la voz de Dios y supo que la muerte es en definitiva una gran amiga. Ella, en el instante en que nos desprendemos del ropaje falso del «Ego», nos otorga la profunda neutralidad. Y comprendió que ese sentimiento tenía que ver con el gran Amor que abre las puertas del corazón. ¡Volver a casa! No desear, no ansiar, no evocar… no sumergir la mente en las sombras del tiempo.
Las ventanas de los sentidos nos pueden llevan a la desesperación, a la amargura y a una constante reacción contra la vida. El ser humano, en el instante en que ansía, no valora lo que tiene y ofusca sus sentidos en la coordenada del tiempo, un tiempo hosco que lo devora sin conciencia y sin remedio. No valoramos más a una persona o a cualquier experiencia que cuando la perdemos. Eso sucede porque la psique humana se posiciona a este lado del espejo donde la atrapan las sensaciones ordinarias y su miseria mental. Por consiguiente, tenemos que perder para poder valorar. El día que no haya sensación de pérdida en tu corazón, encontrarás a Dios y todos los sentidos se diluirán en estos dos últimos fundamentales: en aquél de la vida y en el que atañe a la muerte. Será así cuando la conciencia humana habrá unificado todos los contrarios. La gasa sucia de la necesidad quedará atrás, la torpe frustración, la añeja mortaja del desencanto. Y nos veremos en otro plano, con otra lucidez que no nos nublará ya los ojos.

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visitando el sitio: www.cepaluz.com

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OM Sílaba Sagrada

Equi-libri
Centro de Yoga y terapias complementarias

OM

Mantra primordial, origen de todos los mantras. Es la sílaba sagrada, la primera manifestación de Brahma.

Patanjali, en los Yora-Sutras, nos dice:
“La recitación sistemática del Om debe de ser hecha cuidadosamente, permitiendo que el significado penetre” (Sutra 1.28).

“Cuando estamos en contacto prolongado con el objeto para la meditación, adquirimos sus cualidades”.

Efectos de la práctica:
“Los obstáculos se reducen y la conciencia pura se revela” (Sutra 1.29).

Con la recitación del mantra aumentamos los samskaras (impresiones psíquicas -todo lo que se oye, ve, saborea, siente… se grava en la memoria en forma de samskara-) positivos, los cuales irán desplazando los samskaras negativos (hábitos viejos y nocivos).

Para que todo ello tenga lugar, la práctica debe de ser gradual y de calidad.

Su recitación puede ser oral (en voz alta o susurro) o mental, siendo esta última la de mayores efectos por su sutilidad.

Objetivo:
Unificar la mente.

Práctica:
Desde una posición sentada de meditación (Ardha siddhasana o similar), columna vertebral recta (pero sin esfuerzo), abdomen tónico, tórax en expansión, manos sobre las rodillas aplicando el mudra (índice y pulgar unidos, resto de los dedos en extensión dirigidos hacia el suelo), cara relajada, ojos cerrados y cabeza ligeramente inclinada hacia delante (para evitar perder la conciencia).

Tomar conciencia de la respiración realizándola de forma lenta y profunda durante unos instantes.

A continuación, inspirar lenta y profundamente por la nariz hasta un máximo confortable y al espirar, evocar oralmente el sonido “Oooo…”, claro y uniforme.

Hacia el final de la espiración, evocar “Ummm…”, brevemente, el cual irá disminuyendo en intensidad para quedar finalmente en silencio (parte importante del Om) que representa lo limitado del lenguaje del ser humano.

La vibración que provoca la “O” es a nivel torácico, mientras que la vibración que provoca la “M” es a nivel cerebral.

Por otra parte, podemos realizar la misma práctica pero de forma mental siguiendo el mismo proceso:

1º) Inspiración lenta y profunda.
2º) Espirando, evocar mentalmente “Ooo…”.
3º) Llegando al final de la espiración, evocar mentalmente “Ummm…”
4ª) A pulmones vacíos, pequeña pausa en silencio.

Proseguir con una nueva inspiración y repetir todo el proceso.

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Reiki y Meditación

El aprendizaje y la práctica del Sistema Usui de Sanación Natural, conocido simplemente como Reiki, combinado con las meditaciones activas de Osho, es un proceso de autoconocimiento y transformación para aquellas personas que buscan el bienestar interior y una relación sincera y nutritiva con los demás.

La meditación serena la mente, nos centra y nos abre a un estado natural de presencia, relajación y bienestar. Las técnicas de meditación activa, especialmente concebidas para el hombre y la mujer occidental, y que podrás practicar y aprender en las clases y en los seminarios, te ayudarán a disolver las tensiones internas y encontrar la paz interior.

El Reiki fue redescubierto a finales del siglo XIX por un japonés, el Dr. Mikao Usui. El término japonés Reiki significa: Energía Vital Universal. Esta energía de Amor Universal se puede aprender a sintonizar y canalizar a través de tu corazón y tus manos, para utilizarla en autotratamientos o en beneficio de otras personas. Sea cual fuere su destino final, Reiki, al fluir a través nuestro, nos llena de Paz, Presencia y Amor. Por eso, la práctica correcta del Reiki, a diferencia de otras terapias, nunca nos merma la energía, todo lo contrario, después de aplicar un tratamiento, te sientes más lleno de Energía y Amor.

El proceso de aprendizaje del Sistema Usui de Sanación Natural y la apertura a la Meditación está estructurado en tres talleres teórico-prácticos de fin de semana, que puedes complementar con las clases prácticas semanales (opcional). Las clases y los seminarios se desarrollan en un clima de sinceridad y celebración, y ayudan a disolver tensiones, reencontrarte contigo mismo/a y abrir el corazón. La iniciación y práctica del Reiki además armoniza los chakras (centros de energía vital) y estimula el anhelo espiritual y la creatividad.

La meditación y el Sistema Usui de Sanación natural no profesan ninguna religión, son instrumentos de conocimiento, relajación, sanación y crecimiento personal compatibles con cualquier práctica terapéutica o camino espiritual. Los tratamientos Reiki no son un sustituto de los tratamientos médicos.

Ketan Raventós Klein
Sammasati
Centro de Meditación en Barcelona

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Meire Caetano

Presidenta Fundadora de Associació de Teràpies Espai Vital
en Manresa, Barcelona

Nací en Sao Paulo , Brasil.
Hace más de 25 años que estoy en el mundo de las terapias y del crecimiento personal, tanto a nivel personal como profesional.
Desde pequeña me gusta la Psicología, por el hecho de poder conocerme mejor y sobre todo con el afán de comprender y de poder ayudar a las personas. Hice la formación en Psicología con especialización en Clínica. Después trabajé en una gran empresa como Psicóloga en el departamento de Selección de Personal y Plan de Carrera, donde adquirí muy buena experiencia. Pero mi deseo era seguir aplicando la Psicología tanto a nivel individual como grupal. Paralelamente recibí la formación de piano porque me gusta mucho la música, y sobre todo es para mí una manera de alimentar el alma y de expresar los sentimientos.
En 1989 con mi espíritu de conocer y aprender cosas nuevas y enriquecedoras, vine a vivir a Barcelona, ​​donde conocí la Biodanza “La danza de la vida”, que era todo lo contrario y la vez complementario de mi formación -que valora los pensamientos cognitivos- contrarrestando el mundo del sentir, de expresar y disfrutar de uno mismo, de los demás y del entorno.
A nivel personal hice un gran cambio con la ayuda de la Biodanza, me sentía más segura de mí misma, he podido conectar con mi identidad, mi poder interior y di un gran salto evolutivo en mi vida. Me siento segura y capaz de ayudar a las personas a hacer este mismo salto hasta llegar donde realmente quieren estar.
Mi pasión es enseñar y al mismo tiempo aprender. Me siento totalmente realizada personal y profesionalmente.
Disfruto mucho de poder compartir todas estas experiencias vividas a nivel individual y grupal.
Con amor, Meire Caetano

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Escuela de Danza Nefer Shu

Nefershu / Biografía

Bailarina y profesora profesional de danza oriental y creativa.
Formada con maravillosos maestros como Shocky Mohamed, Farida Fahmi, Mahmoud Reda, Jillina Carlano… Investigando mas en el folclore la llevó a viajar a Egipto y estudiar su folclore y las danzas derviche. Actuando junto a la compañía Al Nour del Cairo y en el Festival sunfestival junto a Nabil Mabrouk  (reda Troup ).

Siguió investigando en otras danzas como la danza persa, de la mano de sashar Zarif. (Canada).
Su última aventura, ser seleccionada para participar en la gira Europea con el espectáculo Inmortal Dessires, con la gran Maestra Jillina Carlano, con su nuevo proyecto Bellydance Evolution. También de gira en Marruecos y Asia. Invitada como bailarina y maestra en el festival Orientalicious de Amsterdam, de su gran amiga Aisa Lafour.
– Gira Germany con el nuevo show “Dark side of the Crown” de Jillina Carlano.Hannover 2012.
– Bailarina y coreografa en el Festival Mawazine de Marruecos junto a Dalal Benani en la parte de danzas marroquinas dentro del show “dark side of the crown” de Jillina Carlano.2012.
– Creacion de la nueva compañía Nefershu Lotus Company 2013. Realización de eventos y espectáculos, compañía mixta de danza oriental y fusión.
Actualmente realiza clases y talleres por toda España y Europa.

Más información en www.nefershu.wordpress.com

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