Uzume Alma Nativa

Ha nacido un nuevo tiempo para dar forma a todo lo sembrado y cultivado. Ahora es momento de recoger cosecha y disfrutarla. Creando en nuestras vidas. Nutriendo el alma. Crecer tropezando con la conciencia del camino que nos da la sabiduría. Cada tropiezo es una nueva oportunidad de sentir la quietud del pensamiento. En la calma las ventanas se abren, sin esfuerzo, como el agua corre por el río. Y todo fluye a su curso “Es el respirar de la libertad. Sin más aquel que el aquí y ahora.
Y desde aquí y ahora, deje mi nombre y nací como Uzume Alma Nativa. Mi nombre espiritual que 3 años estaba madurando en mi, vibrando con la nueva conexión que siento. Doy la gracias a todo el proceso de vivencias, y abro mis ventanas con nuevas vistas más profundas. Libre de mi ser. Conectadas entre si.
Tengo propuestas Creando-Holística para vosotras. Llegó mi momento de la llamada a la entrega, mi trabajo más profundo y sutil, con mis hermanas. La belleza femenina, estamos despertando, en reconocernos y ser. Sin dejar de honrar al hombre y su energía tan necesaria en nosotras, y su compromiso de amarnos y cuidarnos. Y nosotras sentir nuestro legado del despertar de los hombres, siendo mujeres conectadas con nuestra propia sabiduría para poder guiarlos. Nuestro compromiso es ayudarles a tocar su parte femenina. Para aunarnos en uno.
Siento el acercamiento con mis hermanas y me siento crecer con vosotras.
Luz & Amor
Uzume “Alma Nativa” Creando-Holística en tu vida.

CONTACTO:
627 90 55 20
961 95 25 71
yolymarlen@hotmail.com
Burjasot, VALENCIA
http://www.merlinita27.es/

Share Button

Leyenda sobre cuencos

Izu era un asceta que, renunciando a las riquezas del mundo y dedicado a encontrarse a sí mismo, se instaló con un cuenco de madera, una cuchara y una vieja túnica en las montañas de las cordilleras del Himalaya. Allí, en una árida explanada, cerraba los ojos escuchando el canto de los pájaros, el sonido de los vientos y el rugir de las aguas de una cascada cercana. Así pasó meses, incluso años. En silencio escuchaba y meditaba el lenguaje de los elementos. Cierto día en que Izu ya había alcanzado un alto grado de concentración y llegado a la integración con todos los sonidos que le rodeaban, sintió que su corazón crecía en lo más profundo de su plexo solar. Sentía una presión que le era agradable pero dolorosa al mismo tiempo, tanto que, no pudiendo resistirlo, abrió la boca para gritar, mas su garganta no emitió sonido alguno. La presión seguía creciendo y cuando el dolor era casi insoportable vio frente a sí mismo un dragón amarillo que emergía de la tierra.
Izu, paralizado por el miedo, no se movió. El dragón lanzó fuego sobre el cuenco de madera que el asceta usaba para comer y beber, llenándolo de un fluido dorado y convirtiéndolo en un recipiente de pulido metal. Finalmente el dragón le dijo a Izu: “Tú eres la persona que mejor ha sabido guardar en su interior los sonidos de la vida y de la muerte, del odio y del amor, de la oscuridad y de la luz. Por ello, en nombre de los dioses del conocimiento, te hago entrega de este objeto capaz de transmitir las sensaciones más increíbles, capaz de estremecer tu alma y también tu corazón.”
Según cuenta la leyenda, así nacieron los cuencos tibetanos y, desde hace milenios, han sido utilizados como práctica habitual en todos los monasterios y lamaserías del Tíbet, Nepal y la India.

Share Button