Anunciando la mañana

Deberíamos tener la misma buena costumbre que tienen las ventanas, anunciarnos los unos a los otros, la llegada de la mañana.
Caminando con la cabeza entre baja y alta, he encontrado personas que saben decir “Te Amo”, con gestos cotidianos y la boca callada.
Me he cruzado con personas que son enormemente ricas, porque encuentran su hogar allí donde pueden amar.
Hoy me apetecía escribirles a los sencillos, a aquellos que sólo saben contar hasta tres, porque ellos atesoraron desde su sencillez toda su vida y no la malgastaron en contar.
El hombre es Dios cuando sueña, pero es esclavo de su tiempo cuando cuenta, porque al final, cuente lo que cuente, siempre quiere contar más.
Ella, la vida, no dice nada,
solo sonríe y calla,
y los domingos hace el milagro
y en lugar de poner sopa,
sirve jazmines aromatizados.
Ella no dice nada,
pero sonríe,
y eso sí, también calla.
Dicen que algunas de sus más bellas mañanas,
enchila de su preciosa alegría,
mira al frente y vuela,
para no tener que despedir el día.
Porque dice ella,
sin palabras
y con sonrisas,
que no existe nada que se despida.
Quiero anunciaros la mañana, cada mañana…
quiero decir te Amo, con una caricia…
quiero encontrar mi hogar allí donde tú me amas…
quiero dejar de ser, porque no sé cómo ser sencillo, para ser…
quiero no dejar de soñar, para despertar y descontar…
quiero invitarte a saborear el té de los jazmines de mi pensamiento…
quiero aprender a mirar al frente, lleno de mi alegría y volar todo el día a través de tu ventana, a través de tu día.

Miguel Ángel Serrano López
Arts Mística 

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