Mujeres en una mujer

Tantas mujeres dentro de una mujer…
La primera que conocemos, la madre que nos pario, la cual, tengamos hijos o no, sigue extendiendo sus brazos desde adentro de los nuestros, en el cuidado que ponemos allá donde llega nuestro compromiso, al alcance de nuestros brazos.
Otras veces, da igual lo grandes que nos hizo el tiempo, somos hijas necesitadas de un abrazo más grande que el que nosotras mismas podemos darnos, porque no siempre estamos al alcance de nuestra capacidad de consuelo.
Un abrazo o un zarandeo que sacuda esas cargas que se nos adhieren a la espalda, ahí donde no alcanza nuestra mirada.
Al lugar de las confidencias acudimos como amigas, como hermanas. Como soledades compartidas que dejan de estar solas en un rato de complicidad. ¡Qué importa lo que hacer o decir! Siempre surge el momento de las confesiones, de abrirnos a la intimidad de reconocernos más adentro de las diferencias. Y ahí, compartiendo nuestra esencia, nos damos cuenta que la esencia femenina nos alimenta con un mismo y único pecho.
Alguna vez nos dimos la espalda por acaparar el fulgor de un mismo corazón que se puso delante. Pero la vida siguió girando y también pudimos girarnos para comprender que ese corazón por el que competíamos siempre estuvo en nosotras. Sólo era cuestión de desenmascararlo y desenmascarnos.
Conocedoras del juego, nos hemos apoyado en la complicidad de saltarnos las normas y también hemos cuidado de que la norma se cumpliese, ante todo, para no caer en el barro donde caímos antes, ante todo por no irnos hacia el otro lado de los límites de nuestra impecabilidad.
A veces hemos visto más de lo que vimos. Alguna vez sabemos menos de cuanto supimos. Pero lo cierto es que en cada presente tienen más realidad los sueños que pintábamos antaño, y esos esbozos son más luminosos porque tienen el resplandor de la conciencia, de lo experimentado tierra adentro de esas vivencias donde fuimos a dar más luz.
Por eso la Madre Tierra nos abre sus cuevas, donde seguimos gestándonos a nosotras mismas, donde ahí dentro, y desde adentro de nosotras, cantan juntas todas las mujeres que nos habitan:
Mujer, yo soy mujer, mujer de luz, mujer de amor.
Mujer yo soy mujer, mujer de vida que da calor.
Mujer yo soy mujer, mujer que vibra en un mismo corazón…
Sin onomástica ni cumpleaños. Viejas en la luna oscura, que se ha tragado su luz de tanto vivir; inocentes en la luna nueva que cree en la bondad del cuento, ignorando maldades. Aprendices en luna creciente, y rebosantes de resplandor como el plenilunio.
A ratos el sol de cada día nos lleva en volandas de su aliento, y otras veces parece que llevamos el peso de todos los nubarrones acostado en nuestro pecho… Sin embargo, siempre, siempre, siempre, estamos siendo abrazadas por la Esencia, aunque nuestros brazos no caigan en la cuenta, por eso de estar siempre allí donde hace falta echar una mano…

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Las 7 etapas de la mujer

En la tribu Lakota, la Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la autorrealización. El origen del mito lakota es conocido como “El camino de la belleza” y es un ritual sagrado que dura toda la vida.
1. El camino de la hija. Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en armonía con todo lo existente.
2. El camino de la mujer. Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a controlar su vida independiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la adolescencia hasta los 28-32 años).
3. El camino de la madre. Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenía previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.
4. El camino de la recogedora y 5. El camino de la ritualista. Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la astronomía y de la curación. Armada únicamente de conocimiento, de intuición y de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene que conocer perfectamente dónde y cuando encontrar lo que necesita, la forma más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en condiciones que resulten eficaces e inocuas. Una Mujer Medicina nativa nunca aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo combinar todo esto en el proceso de curación. La aspirante-chamana es también muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están aportando. Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión espiritual, aunque no tan intensa como en su primer parto, sus primeras reglas o su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos e inhumanos) y a sí misma. Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio, responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la disciplina y la devoción, más aumentará su poder.
Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de la comunidad. La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo que obtiene de su duro esfuerzo y pruebas personales lo tiene que utilizar en alimentar y fomentar la vida.
6. El camino de la maestra. Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha vivido como llega a ser una maestra. Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado a través de su trabajo, sacrificio y devoción. En este momento puede elegir su campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela, continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar ayudándoles a crecer y educándolos. El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y enriquecen la vida de su comunidad entera.
7. El camino de la sabia. Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado, su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser sagrado: es completa. Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí misma en los aspectos interiores y exteriores. Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica. Estos siete caminos son los de toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida, recordando que cada prueba o dificultad que vamos superando es un paso más que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.
Extracto del Libro Madre Tierra, Hermana Luna Clara Castellotti

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Mujeres alrededor del fuego

Por Simone Seija Paseyro
Alguien me dijo que no es casual… que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, el patio de un colegio, el lugar donde jugábamos en la infancia, el salón de una casa, el corredor de una facultad, una cerveza en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “vente el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
Entonces el futuro en un tiempo no existía.
Luego cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho tiempo y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces… los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Simone Seija Paseyro // escritora uruguaya

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La Indefensión Aprendida

Se llamaba Soledad y se sentía tan desamparada, que un día decidió recluirse en una habitación de la primera planta, con su nombre recién estrenado y su indefensión aprendida, aunque también con la esperanza de que alguien se apercibiera de su ausencia y subiera las escaleras hasta aquel torreón improvisado… ¡y la rescatara! A ella no le importaba quién lo hiciera, lo único que quería era que algún habitante de aquella casa se diera cuenta de que se había cambiado el nombre y ya no estaba allí. Y como había crecido con esos cuentos cuya moraleja era que siempre alguien acaba por echarte un cable, sólo se le ocurrió desaparecer y esperar.
Ya había intentado otras cosas, como ir dando saltos por toda la casa al tiempo que repetía: “estoy aquí” “necesito ayuda” “por favor, miradme”… y cosas por el estilo que no sirvieron para nada porque todos estaban demasiado ocupados en sus propios menesteres y, sobre todo, en centrar su atención en otra habitante de la misma casa y en su enriquecimiento intelectual y material. Se trataba de una mujer unos años mayor que ella a la que tenía que llamar Hermana, razón por la cual a Soledad nunca le quedó claro qué significaba exactamente esa palabra. De hecho, ella misma había sido una de las personas volcadas en hacerle fácil la vida a Hermana, pero llegado el momento de recibir una recompensa, lo único que consiguió fue alguna que otra mirada de condescendencia y la sensación de que bastante tenía con que la dejaran vivir allí.
Así que, después de varios intentos infructuosos, el concepto del que sí pudo aprender todas las connotaciones fue el de “indefensión aprendida” y, a pesar de la impotencia que la bloqueaba durante el día y la inmovilizaba en la cama por las noches disfrazada de pesadilla, la chiquilla en su encierro, intentó crecer con las pocas herramientas que tenía para ello: unos libros, una máquina de escribir, un diccionario y la esperanza que agonizaba sin querer morirse del todo, de que algún día ella lo conseguiría aun sin ayuda.
Pero había otro lastre que Soledad en su ingenuidad no advertía como tal: la presencia de Novio de Hermana y sus incesantes intentos de intimar con ella de una forma que, aunque extraña nunca pudo bautizar con un nombre adecuado, como el que había encontrado para sí misma por ejemplo, hasta pasados muchos años y una vez liberada de esas paredes. Así que cada vez que él se le acercaba, a veces de forma sutil y otras veces de forma demasiado agresiva, ella salía corriendo, se refugiaba en su torreón y, en el siguiente encuentro delante de Hermana, enterraba esos momentos bajo la tierra cenagosa de otros recuerdos olvidados y se inventaba la normalidad requerida para no ser desterrada.
La verdad es que, antes de su desaparición, Soledad, con su antiguo nombre y su esperanza aún viva, había intentado adaptarse a aquella especie de extraña tribu que se autodenominaba familia, y a sus costumbres, por más que no entendiera ni a una ni a las otras, por eso calló ese episodio que, aun sin entender, presentía que podría alejarla de todo aquello que, al fin y al cabo, era el único lugar que le resultaba familiar.
Pero dicen -y doy fe de que es cierto-, que la vida, cuando se convierte en un maremágnum, acaba por devolver a la orilla de la memoria todos los recuerdos que una vez pretendimos ahogar en alta mar. Y eso era lo que le ocurría a Soledad, cada noche, cuando una sombra se metía en su cama y con una mano gigantesca, la inmovilizaba y le impedía el despertar mientras con la otra, un poco más pequeña pero igual de implacable, le apretaba la garganta para que no pudiera pedir ayuda.
Y en ese desierto vagaba la niña cuando un día se topó con alguien que creyó su rescatador; una especie de príncipe azul que resultó que lo único que tenía de ese color era la barba. En él confió ciegamente; a él se entregó con toda la ilusión de su juventud, con la esperanza de ser liberada finalmente. Y volvió a ocurrirle lo inevitable en estos casos: que se achicharró la mano con la que se había agarrado a ese clavo ardiendo, y sólo le quedó, para derribar los muros, un puño demasiado pequeño y una esperanza estertórea.
Hace poco supe que Soledad se había casado con Barba Azul y que, huyendo de la leyenda: “fueron terriblemente infelices y no se comieron ni una triste perdiz”, un día se puso la indefensión aprendida por montera y derribó el torreón con toda la rabia, la ira y el resentimiento acumulados durante años. Razón por la cual, volvió a ocurrirle lo inevitable: que nadie la creyó cuando al fin utilizó la máquina de escribir, el diccionario y la esperanza para relatar su terrible experiencia con Novio de Hermana y, lo que es peor, la única familia que conocía se le puso en contra, acusándola de envidiosa y maliciosa y condenándola a errar eternamente sola, eternamente desamparada, eternamente indefensa, por la desolación de no saber qué hizo para merecer aquello.
¡Ojalá pudiera ayudarla! Decirle que la vida no es una regla de tres directamente proporcional porque ni es justa ni nunca lo fue ni nunca lo será. Convencerla de que ha de seguir intentándolo, a pesar de todo y de todos; a pesar de los años y de las heridas en el alma… pero ¡cómo hacerlo! Soledad no me deja acercarme y, al fin y al cabo, ¿quién soy yo sino un diminuto resquicio de esperanza que lucha por sobrevivir en el lugar más recóndito de su corazón dónde no entra a descansar desde entonces?
Sólo puedo esperar a que el temporal amaine y las últimas olas me lleven hasta la orilla de su memoria.
Eva Alar

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El Grito Acallado

8 de Marzo – Día Internacional de la Mujer

“El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada, ni sé nada de cosa alguna. ¡Esto es horrendo! Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre al que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; sólo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar…” – Pérez Galdós

Ha pasado mucho tiempo, y han ocurrido muchos cambios, desde que este novelista del siglo XIX permitiera que el grito acallado de las mujeres de antaño hiciese eco en el devenir de la historia. He de reconocer que la fuerza de esta voz resonó también en mi desarrollo personal y, sin embargo, nunca me identifiqué ni tampoco me he implicado con el movimiento de reafirmación feminista más allá de gritarle a mi madre, allá en la adolescencia, por qué tenía yo que hacer la cama y la habitación de mis hermanos, o por qué éstos podían llegar más tarde que yo a casa. Valoro, no obstante, el grito que lanzaron otras féminas fuera de los tabiques del hogar, y cuya persistencia logró abrir las puertas para que la mujer pudiese elegir dónde y cómo quería desarrollar su expresión vital; lo valoro y lo agradezco puesto que, sin los cambios que ellas propiciaron, las veredas seguirían siendo estrechitas para unos y para otras…

¿Y qué grito, o de qué mujer, arrojaría Pérez Galdós en nuestros días? En el transcurso de mi existencia me he relacionado con mujeres que se asemejan al hombre, y con hombres que abanderan el modelo de la mujer. En la eterna danza de energías primordiales que se contraponen y abrazan al son de una misma música, que es la vida, he visto la ternura en los ojos de un padre y la autoridad en la mano educadora de una madre; he trabajado con directivas agresivas empeñadas en hundir a la competencia y con empleados sumisos que, resentidos y humillados por el despotismo de sus jefes, descargan su ira contenida en el hogar; he visto llorar a un amigo por un desamor y, anteriormente, he pasado horas escuchando las artimañas que mi amiga urdió para conquistarle… Después de tantas miradas sujetas al prisma hombre-mujer, cocina-despacho, cromosoma X-Y cromosoma, me interesa más la esencia masculino-femenina equilibrándose en cada persona. Busco referentes en el ser humano que evoluciona hacia la completud, y sé que para ponerme en el camino de alcanzarla, tengo que comenzar renunciando al rebaño de mis hábitos, en el hogar y en el trabajo, pero, ante todo, en esos pensamientos uniformados que se piensan a través de mi cabeza.

Si un@ se para a pensar en sus revoluciones cotidianas y particulares, siempre llega a la conclusión de que acaba poniéndose el traje que antes rechazaba. Y es que, en el fondo, tod@s somos quijotes-soñadores buscando a su dulcinea-real, o sanchos-prácticos que finalmente despiertan en un sueño-quijotesco. Por eso no me interesan los roles que niegan lo opuesto, me interesa qué es lo que me afirma desde adentro cuando todo se derrumba a mi alrededor… Y este ¡sí! es el grito que hoy me anima a seguir planchando, creciendo, cocinando, aprendiendo, tejiendo sueños, o bailando en la plaza del pueblo… Angela Castillo

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Decreto de la Diosa

Una vez al mes en Luna Nueva o Llena, reuníos todas las mujeres en algún lugar secreto en nombre mío. Allí os enseñaré cosas desconocidas y seremos libres de la esclavitud. En alabanza mía, bailaréis, comeréis, haréis música y os regocijaréis ya que mío es el éxtasis del espíritu, y mía es también la alegría de la tierra, y mi ley es el amor a todas las cosas.
Mantened puros vuestros ideales más altos, porfiad siempre por ellos, no os detengáis ni os desaniméis. Porque mía es la puerta secreta que lleva a la tierra de la juventud, y mía es la copa del vino de la vida y el caldero que es el Grial sagrado de inmortalidad. Yo soy la diosa graciosa que otorga el regalo de la alegría de la vida a los corazones.
En la Tierra doy conocimiento del espíritu eterno, y más allá de la muerte doy paz y libertad y me fundo con todos. No pido sacrificios porque soy la madre de todos los seres y mi amor se vierte sobre la tierra. Yo, que soy la belleza de la tierra verde y la blanca luna entre las estrellas y los misterios de las aguas y el deseo de los corazones, llamo a vuestra alma para que se levante y venga a mí, pues yo soy el alma de la naturaleza que da vida al universo. De mí proceden todas las cosas y a mí todas las cosas deben retornar.
Por ello ante mi rostro, amado por dioses y humanos, permitid que vuestro interior más profundo se abra al rapto del infinito. Que mi culto provenga del corazón que se regocija, ya que todos los actos de amor y de placer son mis rituales. Que tengáis la belleza y la fortaleza, el poder y la compasión, el honor y la humildad, la alegría y la reverencia.
Y vosotras, mujeres que queréis conocerme, debéis saber que esa búsqueda y ese anhelo no servirán de nada si no os abrís al Misterio, pues todo lo que buscáis fuera sólo lo encontraréis dentro de vosotras mismas. Recordad que estoy con vosotras desde el principio y soy lo que llega cuando se acaba el deseo. Sed bendecidas…
(Texto atribuido a Doreen Valiente, 1922-1999)

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Uzume Alma Nativa

Ha nacido un nuevo tiempo para dar forma a todo lo sembrado y cultivado. Ahora es momento de recoger cosecha y disfrutarla. Creando en nuestras vidas. Nutriendo el alma. Crecer tropezando con la conciencia del camino que nos da la sabiduría. Cada tropiezo es una nueva oportunidad de sentir la quietud del pensamiento. En la calma las ventanas se abren, sin esfuerzo, como el agua corre por el río. Y todo fluye a su curso “Es el respirar de la libertad. Sin más aquel que el aquí y ahora.
Y desde aquí y ahora, deje mi nombre y nací como Uzume Alma Nativa. Mi nombre espiritual que 3 años estaba madurando en mi, vibrando con la nueva conexión que siento. Doy la gracias a todo el proceso de vivencias, y abro mis ventanas con nuevas vistas más profundas. Libre de mi ser. Conectadas entre si.
Tengo propuestas Creando-Holística para vosotras. Llegó mi momento de la llamada a la entrega, mi trabajo más profundo y sutil, con mis hermanas. La belleza femenina, estamos despertando, en reconocernos y ser. Sin dejar de honrar al hombre y su energía tan necesaria en nosotras, y su compromiso de amarnos y cuidarnos. Y nosotras sentir nuestro legado del despertar de los hombres, siendo mujeres conectadas con nuestra propia sabiduría para poder guiarlos. Nuestro compromiso es ayudarles a tocar su parte femenina. Para aunarnos en uno.
Siento el acercamiento con mis hermanas y me siento crecer con vosotras.
Luz & Amor
Uzume “Alma Nativa” Creando-Holística en tu vida.

CONTACTO:
627 90 55 20
961 95 25 71
yolymarlen@hotmail.com
Burjasot, VALENCIA
http://www.merlinita27.es/

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Sheila Kaur (MamiLlum)

Yoga para Embarazadas

El bebé se está nutriendo a través de las células de la madre, si sus células están enfermas o contaminadas por las sustancias que genera el estrés ¿que está recibiendo el bebé?
Trabajando con mucho estrés para que lo tenga todo, a veces les privamos de lo que más necesitan; la salud, la energía y atención de sus padres. Lo que la madre oye o ve a su alrededor durante la gestación se refleja en el niño, pero sobre todo su temperamento dependerá de la materia que ella le dé, y la calidad de esta materia depende de su forma de vivir. Si la materia es de oro, simbólicamente hablando de salud y pensamientos positivos, el niño será sano y fuerte, pero si la materia es de plomo, será enfermizo y vulnerable.
Prepararse para ser padres y la verdadera educación comienza antes de su nacimiento con una mejor comprensión del amor, respeto y atención para atraer a su familia un espíritu excepcional. Si millares de padres en el mundo decidimos hacer este trabajo, la humanidad se transformará realmente en tres o cuatro generaciones.

Yoga Mamás y Bebes  // Masaje para el bebé // Yoga para niños // Recuperación post parto y suelo pélvico // Esencias florales // Danza Oriental

Círculo de Mujeres

Cada mujer tiene un poder natural de abundancia, buena suerte y prosperidad, pero ella tiene que decidir en concentrarse en ella. Si una mujer provoca la Divinidad, habrá prosperidad. Su disciplina lo garantiza. Pero con frecuencia ella desperdicia su energía de muchas maneras. 
¿Cuál es la prosperidad para una mujer? Es cuando ella expande su buena voluntad, sus buenas costumbres, sus sonrisas, sus consejos y su inspiración. La prosperidad es todas las cosas buenas juntas, la prosperidad y la abundancia están aseguradas. Pero si ella pierde su tiempo en amargura, la pobreza está asegurada.
 La mujer debe hacer que la bondad sea su prioridad. La bondad es una parte esencial de todas las mujeres. Así como su bondad se expande, su prosperidad aumenta. // Yogi Bhajan

Más información en MamiLlum y El Powwowbcn

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María José Mochón

Mujeres Libres, Despiertas y Felices
SI NO ES AHORA ¿CUÁNDO?

Te habrás dado cuenta de que hay un hermoso y suave despertar femenino en la actualidad. Mª José Mochón

Dentro de la vorágine diaria en que nos hemos visto sumidas bajo una organización patriarcal que poco o nada tiene que ver con nuestros ritmos o nuestros deseos va resurgiendo una suave pero fuerte voz interior que nos llama a redescubrir quienes somos realmente para, al fin, darnos el reconocimiento que merecemos y darnos nuestro lugar en el mundo. No el que nos han impuesto, sino el nuestro, el que tiene que ver con nuestra misión en la Tierra y nos hace latir fuerte el corazón, porque viene de dentro.

Hay muchas maneras de comenzar a sentir esa LLAMADA que te dice VEN, DESCUBRE QUIEN ERES. Hay tantas maneras como mujeres en la tierra.

A veces esa necesidad de cambio, de reconocimiento, de darnos el valor que merecemos, viene de forma suave. Se da a través de un libro, una amiga, tu familia…

Otras veces LA LLAMADA viene con rótulos de neón. Se manifiesta a través de nuestros dramas y problemas que llegan a ponernos al límite  de la desesperación precisamente para poder dar el salto al cambio que necesitamos.

Muchas veces es a partir del nacimiento de un bebé, del parto, de la lactancia. Experiencias genuinamente de mujeres que nos hacen comenzar a cuestionarnos el porqué de nuestras dificultades, nuestros dolores, nuestras angustias, nuestros desesperes… ¿no se supone que estamos diseñadas para ello? ¿Qué está pasando?

Tenga la forma que tenga LA LLAMADA, cuando la sientas ¡SÍGUELA!

Porque es el momento de regresar a casa.

Es el momento de regresar a tu calor interior, a tu refugio, donde nada ni nadie puede entrar sin tu permiso.

El lugar dónde nada te puede hacer daño.

El lugar donde reconstituirte, donde renacer desde lo íntimo y sagrado femenino al lugar que te pertenece.

Ese es el único lugar real… todo lo demás es un sueño, a veces un jodido sueño.

Es el momento de metamorfosear y levantar el vuelo como el ave fénix, renovadas, fuertes, felices… sabiéndonos y reconociéndonos mujeres reales que se han sacudido de una vez esta insoportable exigencia social que nos dice cómo tenemos que ser las mujeres y que nos ha separado del cuerpo y de la tierra.

Hay tantas formas de serlo como mujeres estamos sobre la tierra. Apenas tenemos referencias femeninas así que nos toca implementar nuestra única manera de serlo, siendo fieles a nuestro corazón, a nuestro cuerpo, a nuestras entrañas.

Eso es lo que te traigo para este año 2015. Un programa online con cara de mujer.

Mi reto ha sido  componer el contenido y ofrecerte un formato.

Tu reto es ATREVERTE A ABRIR ESTA PUERTA

HERRAMIENTAS PARA LLEGAR AL CORAZÓN DE TU NIÑA INTERIOR
Si nuestras necesidades de desarrollo en la infancia no fueron satisfechas, entonces llegamos a la edad adulta con una niña herida en nuestro interior que contamina y complica nuestra vida de adulta.

Más información en: 
Mª José Mochón

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Echa otro leño al fuego

Mientras la temporada de creer parece terminar para el resto del mundo, te ruego que me permitas dejar algo muy claro.
Entre bastidores esperan todavía muchos sueños.

Tenemos al alcance de la mano muchas aspiraciones.
Muchas hambres necesitan alimentos.
Muchos anhelos deben reconocerse con el fin de poder satisfacerlos.
Hay que aventar muchas chispas auténticas antes de que la pasión lleve a cabo su obra perfecta en tí.
¡Echa otro leño al fuego! .

Éste no es el día en que lo dejas.
Éste no es el día en que lloras.
Éste es el día en que consigues, mirándolas fijamente, enmudecer a todas las personas de tu vida cuando te dicen que no lo han entendido. Porque tú sí lo has entendido. Finalmente.
Y ahora sabes que la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven.

Éste es el día en que gritas “¡Creo!”.
Continúa gritándolo hasta quedar ronca.
Se acabó hablar en voz baja.
¿Sabes qué pasa cada vez que una mujer dice que no cree, que tarda demasiado tiempo? Pues que la mujer, cae muerta. Por dentro.
Que es donde cuenta.

Pero puede que pasen otros tantos de los años que tienes, antes de que te entierren.
¿Y sabes que dirán cuando esparzan tus cenizas?
Pues dirán que no recuerdan haberte visto nunca verdaderamente feliz.
Y tendrán razón.

Éste no es el momento de dejar de creer.
Sencillamente el escepticismo es un lujo que no puedes permitirte.
En otro tiempo la espiritualidad de la mujer ha estado separada de su estilo de vida.
Pero tú sabes que esto no tiene ningún sentido.
Nunca lo ha tenido.
Nunca lo tendrá.

De manera que continúa creyendo que tienes la pasión,
la inteligencia, la brillantez, la creatividad, la sabiduría, la claridad, la profundidad, la experiencia que se requieren para encontrar ese centro silencioso de solaz, serenidad y fuerza necesarios para crear y sostener una vida auténtica.

Cada día es una plegaria.
Una vida auténtica es la forma más personal de rendir culto.
Cuando empieces a creer descubrirás que todas las cosas son realmente posibles.
Aplaude.
Aplaude una vez más.
¡Pero esta vez, que se oiga de verdad!
¡Anda! ¡Eso esta mejor!
Haces tanto ruido que despertarás a los muertos.
Muy bien hecho.
Sara Brethnach

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